Un lugar, personajes

Un lugar, personajes

Los huéspedes famosos


Ya en el siglo XVII y sobre todo a partir del siglo XVIII, el castillo de Pau, palacio real y cuna del primer rey de Francia y de Navarra, es un lugar muy concurrido... Aquí se reciben cabezas coronadas o príncipes de paso por Pau, como Felipe V de España, ex duque de Anjou y nieto de Luis XIV, el 31 de mayo de 1706, que se hace transportar en silla hasta el castillo.

En el siglo de las Luces, el fervor que rodea la persona del primer Borbón se refleja en su castillo, donde se acude para recogerse delante de la cuna-carapazón. En el siglo XIX, bajo la Restauración y la Monarquía de Julio, este afán se renueva por motivos dinásticos: son muchos los miembros de las familias reales reinantes los que acuden para visitar el castillo de su glorioso antepasado. Y bajo la III República, el castillo convertido en palacio nacional recibe en 1891 el presidente Sadi Carnot. Pero ese siglo también es el de los artistas, escritores, poetas y pintores que acuden a los Pirineos y para los que el castillo de Pau es un lugar de meditación, una fuente de inspiración... o de sorpresa. En el siglo XX, a partir de los años 1950, jefes de Estado, franceses o extranjeros, vienen con frecuencia a visitar el monumento, después de haber visto la zona de Lacq, donde un importante descubrimiento de un yacimiento de gas da un nuevo impulso al Bearne. En cuanto a la familia real de Suecia, descendiente de Jean-Baptiste Bernadotte, el otro hijo famoso de Pau, sus miembros son fieles visitantes de la ciudad y de su castillo.
 

Visitantes famosos


En el siglo XIX, son muchos los hombres de letras que han visitado el castillo y rendido homenaje al lugar de nacimiento de Enrique IV. El 11 de mayo de 1807, François René de Chateaubriand, de regreso de España, se para en Pau y va a contemplar la cuna-carapazón. Regresa al Bearne dos años más tarde y, aunque esa vez no entre en el castillo, medita detenidamente frente al monumento. El 28 de abril de 1838, Stendhal hace etapa en Pau, durante su viaje de Burdeos a Valence. Su descripción del castillo tiene un pintoresco encanto. También evoca las relevantes obras que comenzaron este mismo año 1838 y transformaron de forma duradera el monumento, ya que describe obreros talando plátanos para permitir la construcción del puente que conectará el castillo con su parque. Cuando cinco años después, el 14 de agosto de 1843, el poeta Victor Hugo, acompañado por su amante Juliette Drouet, está de paso por Pau, las restauraciones del palacio todavía están en pleno desarrollo. El poeta exige que se le abra el acceso a la torre del homenaje Febus, desde donde admira la vista sobre la ciudad y el paisaje. Visitó algunas salas que consideró poco numerosas y mal restauradas, pero le encantó la belleza de los muebles. En cuanto a la decoración del carapazón de tortuga, no solo no emocionó para nada al poeta, sino que provocó incluso esta opinión zanjante: “Una reliquia del siglo 16 y el monarquismo con flores de lirio abombadas de 1814. Un encuentro chillón y desagradable” (Viaje a los Pirineos).

En los años 1950-1960, son muchos los jefes de Estado y ministros que aprovechan su viaje por la zona de explotación del gas de Lacq, para acudir y descubrir el castillo de Pau. Como lo indica el conservador Jacques de Laprade con humor, el Museo nacional no duda entonces a sacar “el naipe del petróleo”. Mencionaremos entre las visitas más destacadas, la que hizo el 22 de julio de 1959, el emperador de Etiopía Haile Selassie que, tras admirar las salas remuebladas por Jacques de Laprade y la cuna de Enrique IV, entregó solemnemente una medalla con su efigie al conservador, que sigue conservada en las colecciones del museo. El 26 de marzo de 1960, fue el presidente del Consejo de la URSS, Nikita Khrouchtchev quien acudió a su vez a visitar el castillo de Pau, recibido en el patio de honor por las autoridades. Su programa era de lo más cargado: espectáculo de grupos folclóricos,  entrega de especialidades culinarias y de vinos locales por la Viguerie royale de Jurançon, discurso en la sala de los cien cubiertos, visita de las salas... ¡Y todo ello en menos de una hora!